La apreciación de la música, su comprensión o entendimiento, no surge de una mera actitud pasiva, sino de una disposición propicia que podríamos calificar de escucha activa. No suele bastar por tanto la buena disposición, la total receptividad o una gran sensibilidad.
A entender el arte sonoro ayuda el conocimiento teórico, la historia de la música e incluso la personalidad de los compositores. El oyente activo se deja llenar del flujo sonoro, pero al mismo tiempo analiza lo que percibe. Por descontado que la capacidad de escucha del oyente depende de su nivel de atención, pero no hay que eludir la formación como factor decisivo. De ahí la importancia de la Apreciación musical como materia educativa.
Al final, aprender a escuchar música “clásica” no es sólo un pasatiempo, sino que se convierte en una herramienta indispensable para ejercer la escucha consciente que cotidianamente tenemos que realizar con nuestros interlocutores… “No importa el campo de acción en que nos desenvolvamos…”

La mayoría de aficionados que poseen un gran conocimiento de composiciones musicales no saben solfeo; son oyentes aptos sin necesidad de interpretar una partitura. Pueden inclusive no tener un gran oído musical y apreciar las grandes obras. Sin embargo, es deseable que conozcan el lenguaje apropiado para expresar sus valoraciones.
Despertar inquietudes en este sentido tiene el objetivo de lograr audiencias más cultas y satisfechas. Por lo tanto, nunca está de más asimilar las nociones básicas que ayuden al entendimiento de las obras musicales. Así, las audiencias preparadas ayudarán a sopesar en su justa medida el valor de las diferentes composiciones.
El tema de la comunicación es un tema sumamente relevante para ejercer el liderazgo. Dentro de la comunicación, la capacidad de escuchar es prioritaria. Esa capacidad de escucha se potencializa irremediablemente si aprendemos a escuchar música “clásica” en forma consciente y bajo una metodología. Demostrado está…

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